El ego es el enemigo

Quiero compartir algo muy personal: mi experiencia enfrentando mi propia ingenuidad al querer ser bueno dibujando y pintando.

Con el tiempo he descubierto que uno de los mayores enemigos del artista es invisible. No aparece como un obstáculo evidente. Más bien se infiltra lentamente en nuestra forma de pensar.

La ilusión del autodidacta

Una de las primeras trampas es creer que ser completamente autodidacta es una ventaja.

En realidad, muchas veces significa lo contrario: estar en desventaja.

Para avanzar de verdad necesito algo más que entusiasmo. Necesito:

  • un programa de aprendizaje
  • un método claro
  • una estructura de pasos
  • proyectos específicos que desarrollen cada habilidad

Si no puedo identificar con claridad la ciencia detrás de lo que estoy dibujando, entonces probablemente todavía no estoy recorriendo el camino hacia la pintura figurativa.

Dibujar mucho más de lo que imaginaba

Otra verdad que descubrí es que el volumen de trabajo necesario es mucho mayor de lo que pensaba.

He pasado años trabajando únicamente en monocromos, tratando de representar correctamente:

  • formas
  • valores tonales
  • relaciones de luz y sombra

Solo después de ese proceso he podido empezar a incorporar el color de forma más consciente.

Por eso es fundamental saber en qué etapa del aprendizaje estoy y hacia dónde quiero avanzar.

Una herramienta que me ha ayudado mucho es hacer un inventario de mi trabajo:

  • revisar los proyectos que ya terminé
  • identificar los que necesitan corrección
  • volver a trabajar ejercicios importantes

Ese inventario se convierte en una forma concreta de enfrentar al enemigo.

No se pueden saltar escalones

Esta es una de las lecciones más simples y más difíciles de aceptar.

No puedo saltar pasos.

No importa cuánto quiera avanzar rápido.
No importa cuánto tarde el proceso.

Si un escalón no está bien construido, el siguiente tampoco lo estará.

Y hay otra verdad aún más sencilla:

No puedo empezar algo si todavía no lo he empezado.

La realidad de una carrera artística

Otra “píldora roja” ha sido aceptar algo muy simple: es poco probable que una carrera artística sólida empiece a los veinte años con todo resuelto.

La realidad es mucho más lenta.

Hay que pagar cuentas.
Hay que trabajar con lo que uno tiene.
Hay que empezar como cualquier adulto: con recursos limitados y habilidades todavía en construcción.

Aceptar esto cambia la perspectiva.

El progreso existe, pero toma mucho más tiempo del que imaginaba.

Así que, aunque tenga que pagar la renta con un trabajo de oficina, sigo trabajando en el talento antes, durante y después de esas horas.

Cada momento disponible se convierte en tiempo de estudio.

Practicar sin ego

Otra batalla importante ha sido aceptar lo que significa realmente una práctica bien hecha.

Una práctica correcta implica:

  • que el ejercicio esté bien ejecutado
  • que el proyecto esté completo
  • que el resultado sea presentable

Aceptar esto muchas veces significa poner el ego a un lado.

El camino apenas empieza

Después de tragar varias de estas “píldoras rojas”, algo ha cambiado.

He ganado algunas pequeñas batallas y el camino ahora se ve más claro. Pero eso también trae otro riesgo: la mente quiere descansar, sentarse en sus laureles.

Por eso intento mantener una actitud simple:

aún no has llegado.

Todavía queda mucho por aprender.

Eso significa:

  • ampliar mi vocabulario visual
  • seguir visitando museos para dibujar esculturas
  • regresar a ejercicios que ya estudié
  • hacer master studies
  • revisar constantemente mi matriz de valores
  • simplificar mejor el diseño

El juego sigue, comparto estas reflexiones con la esperanza de que puedan servirle a alguien más que esté intentando recorrer este camino.

Ser artista no es solo talento también es actitud, paciencia y claridad sobre el proceso.

Ahora mismo, lo único que queda es seguir adelante y terminar los siguientes proyectos.

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