Cuando pintamos paisajes al aire libre, estamos viviendo una experiencia más completa que cuando trabajamos en el estudio. Incluso Sorolla se negaba a pintar sino era al exterior. No solo estamos pintando: exploramos nuestro entorno y tratamos de entenderlo visualmente.
Pero el mundo exterior no está diseñado para convertirse en una pintura.
Hay demasiada información. Árboles, edificios, caminos, sombras, colores, detalles, personas, coches. Podemos mirar en muchas direcciones y encontrar algo interesante en cada una. Y precisamente ahí aparece uno de los problemas del plein air: la parálisis ante demasiadas posibilidades.
No siempre el problema es no encontrar nada que pintar. A veces el problema es que hay demasiado.
Por eso, antes de empezar a hablar de pinceles, colores o técnicas, necesitamos aprender algo más básico: cómo elegir qué vale la pena pintar.

Un viewfinder puede ayudarte mucho a reducir el mundo exterior. Ya no estás intentando pintar todo lo que tienes enfrente, sino que empiezas a seleccionar una parte de esa realidad.
Pero hay una diferencia importante entre algo interesante de ver y algo que funciona como pintura.
Puedes encontrar un edificio increíble, un árbol extraño o una vista espectacular. Pero cuando lo colocas dentro del viewfinder, puede ocurrir que simplemente no funcione.
Tal vez:
- estás demasiado cerca;
- no hay una organización clara de las masas;
- todo tiene un valor similar;
- no existe una diferencia interesante entre luz y sombra;
- la composición se vuelve confusa;
- hay demasiados elementos compitiendo entre sí.
El viewfinder no solo sirve para recortar una imagen bonita. Sirve para preguntarte:
¿Hay realmente una pintura aquí?
Eso significa buscar una organización que puedas entender antes de empezar a pintar.
Y no, esto no significa que tengamos que copiar exactamente todo lo que tenemos enfrente. Al contrario: necesitamos interpretar y organizar lo que vemos. La realidad ya es compleja; nuestra pintura necesita una estructura.
No todo lo interesante es un buen motivo para pintar
Esta es una de las cosas que más he aprendido pintando afuera.
Hay lugares que me interesan muchísimo y que, sin embargo, no son fáciles de convertir en una pintura.
Por ejemplo, puedo encontrar una iglesia, una casa antigua o un edificio lleno de detalles que me gusta observar. Pero cuando intento organizarlo dentro de un formato pequeño, descubro que:
- todo se vuelve demasiado complejo;
- los detalles empiezan a dominar;
- necesito un formato mucho más grande;
- paso demasiado tiempo intentando explicar cosas que no son esenciales.
También tendría cuidado con excederme con casas , rosas, iglesias .
No porque no puedan producir buenas pinturas, pero hay una tendencia a necesitar o pensar en un objeto , cuando debo de pensar solo en formas y valores tonales.
Una escena ordinaria con una buena organización de valores puede ser mucho más interesante que un paisaje espectacular mal organizado.
No busques el paisaje perfecto, pero tampoco pintes lo primero que veas
Podemos ir buscando spots para pintar durante otros momentos del dia .
Hay dos extremos que intentaría evitar al buscar durante la sesion.
El primero es pasar toda la sesión buscando el lugar perfecto.
Caminar durante una hora, mirar a todos lados, hacer thumbnail tras thumbnail y no empezar nunca porque siempre pensamos que quizá existe una vista mejor unos metros más adelante.
El segundo extremo es lo contrario: llegar, abrir el caballete y pintar lo primero que tenemos enfrente sin detenernos a observar.
Yo intentaría encontrar un punto intermedio.
Camina. Mira. Utiliza el viewfinder. Haz algunas pruebas rápidas si lo necesitas.
Pero después toma una decisión.
No necesitas hacer mil thumbnails, pero tampoco necesitas aceptar cualquier vista solo porque ya estás cansado de buscar.
Pregúntate simplemente:
- ¿Puedo entender las masas grandes?
- ¿Hay una relación clara entre luz y sombra?
- ¿Puedo simplificar esta escena?
- ¿Hay algo que realmente me interese observar durante las próximas horas?
Si la respuesta es sí, probablemente ya tienes suficiente para empezar.
Igual segumos nuestro instinto , cuando sientas que es el lugar indicado , pintalo , aunque no tengas todo resuelto .

No corretees la luz: elige condiciones que puedas pintar
Una de las cosas que aprendí fue no corretear el atardecer ni el anochecer.
Obviamente, la luz del final del día puede ser espectacular. Los colores cambian rápido, las sombras se alargan y aparecen relaciones de color que inmediatamente queremos pintar.
El problema es precisamente que todo cambia demasiado rápido.
Cuando estás empezando, una luz más estable te permite concentrarte en la pintura en lugar de intentar alcanzar una escena que desaparece cada diez minutos.
Eso no significa que nunca debas pintar un atardecer. Solo significa que debes entender lo que estás eligiendo.
A veces es mejor empezar con una situación de luz que permanezca relativamente estable durante la sesión.
Y, por supuesto, sin colocarte bajo un sol que te esté quemando durante tres horas.
La comodidad importa más de lo que parece. Si tienes demasiado calor, sed, frío o no puedes ver correctamente tu paleta, todo se vuelve más difícil.
No necesitas sufrir para hacer una buena sesión de plein air.
Si un paisaje no cabe en una pintura, dibújalo
Muchas veces encuentras un edificio o un lugar con muchísimos detalles que realmente te interesa.
Quieres pintarlo, pero empiezas a darte cuenta de que, para hacerle justicia a todo lo que estás viendo, probablemente necesitarías un lienzo enorme.
En ese momento, yo no descartaría el lugar.
Lo dibujaría.
Sé que para mí puede ser más aburrido que pintar, pero el dibujo puede ser una solución mucho más adecuada para ciertos motivos.
Puedes regresar al campo con carboncillo y concentrarte en:
- los valores;
- las formas;
- las proporciones;
- la estructura;
- los detalles que realmente te interesan.
No todo lo que encuentras tiene que convertirse en una pintura.
A veces el lugar te está pidiendo otro medio.
Y dibujar plein air sigue siendo una manera de estudiar directamente la realidad.
Si no puedes resolverlo con pintura en el tiempo y formato que tienes, quizá primero necesitas entenderlo dibujándolo.

El clima cambia por completo lo que puedes aprender del paisaje
Una de las cosas que más me interesa del paisaje es que la naturaleza produce relaciones que son difíciles de inventar.
La temperatura, la humedad, las nubes, la nieve, el sol y la atmósfera cambian completamente lo que vemos.
Puedes encontrar:
- grandes áreas saturadas;
- cálidos y fríos muy cercanos;
- colores que parecen imposibles de inventar;
- cambios de valor producidos por la atmósfera;
- relaciones que probablemente no habrías pensado dentro del estudio.
Y esto es algo que una fotografía no siempre te enseña de la misma manera.
Estar ahí te obliga a mirar.
También te obliga a adaptar tu manera de trabajar. Personalmente, no creo que una paleta limitada como la Zorn pueda reproducir toda la variedad de la naturaleza tal como la vemos. Puede servir para ciertas pinturas, pero el paisaje puede exigir otras posibilidades de color.
Y después está el problema físico del clima.
Pintar con frío y humedad
En invierno descubrí que la pintura acrílica puede comportarse de una manera completamente diferente. Con mucha humedad, era difícil hacer pinceladas que se mantuvieran como quería.
Una vez incluso seguí pintando mientras nevaba.
Probablemente no fue la sesión más cómoda , pero también es parte del show.
Pintar bajo el sol
Bajo el sol ocurre lo contrario.
La pintura puede secarse extremadamente rápido, incluso en la paleta.
Si te gusta trabajar con grandes cantidades de pintura mezclada, necesitas tener esto bajo control. No puedes preparar tranquilamente enormes charcos y esperar que se comporten igual durante toda la sesión. Al menos no con medios base agua verdad.
El exterior no solo cambia lo que ves.
También cambia cómo funciona tu material.

El tamaño y el formato también pueden hacerte el plein air más difícil
Yo no empezaría pintando demasiado pequeño.
He pintado algunas veces en A4 y, aunque tiene ventajas para transportarlo, puede hacer muchas cosas innecesariamente difíciles.
Tienes muy poco espacio para:
- organizar las masas;
- utilizar pinceladas amplias;
- corregir;
- simplificar sin que todo se vuelva diminuto.
Para alguien que empieza a pintar paisajes, yo tendría cuidado con formatos demasiado pequeños.
También evitaría empezar con panorámicos.
Los formatos panorámicos pueden ser interesantes, pero introducen problemas adicionales de composición y perspectiva que no necesariamente necesitas durante tus primeros paisajes.
Yo elegiría algo como un A2 para algunas de tus primeras sesiones más serias.
Es suficientemente grande para permitirte trabajar con pinceladas y masas más claras, pero todavía puede transportarse sin convertir la salida en una operación militar.
Por supuesto, no existe un tamaño mágico. Lo importante es no ponerte un obstáculo adicional desde el principio.
Si ya estás aprendiendo:
- composición;
- valores;
- color;
- perspectiva;
- luz cambiante;
no necesitas hacer el trabajo todavía más difícil intentando resolver todo en un formato diminuto o extremadamente complicado.

No busques terminar una obra: busca tener una buena sesión de pintura
No siempre vas a terminar una buena pintura.
Y eso no significa necesariamente que la sesión haya sido mala.
Tal vez durante esa salida entendiste mejor:
- cómo organizar colores saturados
- qué tamaño necesitas;
- por qué tu composición no funcionó; porque te la inventaste .
- cómo se comporta tu pintura con humedad;
- qué colores te interesa realmente pintar.
Todo eso cuenta.
Cuando pintamos al aire libre, es fácil obsesionarse con regresar con un producto terminado.
Pero una buena sesión no siempre produce una buena obra.
A veces produce algo más útil: una observación que podrás utilizar en la siguiente pintura.
Así que intenta mantenerlo simple.
No busques siempre el paisaje perfecto. No busque la imagen de postal .
No intentes copiar cada detalle.
Sal. Observa. Elige algo que puedas organizar. Trabaja durante unas horas y mira qué aprendiste.
Porque al final, aprender a pintar paisajes al aire libre es un ejercisio de composicion .
Consiste en aprender a encontrar una pintura dentro de un mundo que no fue diseñado para convertirse en una.

